Lasaña Margot

lasaña

Esta lasaña debe su nombre a mi cuñada, ya que esta es una adaptación de su espectacular receta de lasaña con la que nos ha deleitado durante años.
Ella está encantada de prepararnos una versión vegana cada vez que se lo pedimos, pero quise intentar reproducirla en casa para poder comerla siempe que quisiera y creo que me ha salido bastante bien.
No es un plato rápido ni ligero, pero es delicioso, muy meloso y sabroso, perfecto para una comida de domingo junto con una ensalada verde.

Ingredientes:

  • Placas de lasaña sin ingredientes de origen animal
  • Medio litro de leche vegetal sin endulzar
  • Dos cucharadas soperas de harina
  • Aceite de oliva VE
  • Una taza de soja texturizada fina
  • Un chorrito de salsa de soja
  • Tres zanahorias
  • Dos ramas de apio verde
  • Una cebolleta mediana
  • Dos tazas de salsa de tomate casera
  • Un puñado de levadura de cerveza desamargada

Elaboración:

Ponemos las placas de lasaña a remojo en agua caliente.
Picamos la cebolleta en juliana fina y la rehogamos a fuego lento en un chorro generoso de aceite de oliva (se puede escatimar aceite para hacer la receta más ligera, pero no es lo mismo). Cuando esté transparente, añadimos las zanahorias ralladas (yo las rallo en la mandolina eléctrica, pero también las podéis añadir a rodajitas finas) y las ramitas de apio (sin hilitos, por favor) en juliana fina.
Rehogamos a fuego lento y con la sartén tapada.
Mientras tanto, en otra sartén añadimos una cucharadita de aceite de oliva y salteamos a fuego vivo la soja texturizada tal cual (sin remojar), damos un par de meneos pero sin pasarnos de tiempo. Con un minutito va que chuta. Bajamos el fuego y añadimos un chorrito de salsa de soja (como dos cucharadas soperas) y un chorrito de agua (como cuatro cucharadas soperas). Rehogamos hasta que se evapore el líquido y añadimos a la otra sartén en cuanto el apio y la zanahoria estén blanditos.
Subimos el fuego y añadimos la salsa de tomate casera. Dejamos cocinar un par de minutitos, apagamos el fuego y reposamos.
El tiempo de reposo es directamente proporcional a lo rico que quedará después: la última vez mi cuñada lo dejó toda la noche y os aseguro que fue la lasaña más rica que he probado jamás.
Cuando haya reposado lo que consideréis oportuno, se precalienta el horno, se engrasa una fuente y se empieza a montar la lasaña: una capa de láminas y otra de relleno hasta terminar con una capa de láminas que irá recubierta de bechamel.
Para preparar la bechamel,  ponemos dos cucharadas soperas de aceite en una sartén, añadimos dos cucharadas soperas de harina y cuando empiece a tomar un color tostado, vamos añadiendo muy poco a poco la leche vegetal sin dejar de remover.
Cuando haya espesado lo suficiente, cubrimos la lasaña e inmediatamente la espolvoreamos con la levadura y metemos al horno a 200 grados, 20 minutos. Cuando pase ese tiempo, hay que contar otros 20 minutos de reposo.

Como he comentado antes, no es una receta rápida ni ligera, pero merece mucho la pena.
Mi cuñada la ha hecho sustituyendo la soja por champiñones picados y por berenjena cortada en cubitos, enharinada y frita y de todas las maneras está de muerte lenta.

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